Mr. Keating y la trascendencia
Mr. Keating no ve a la trascendencia como una posibilidad cierta, él mira objetivamente a lo concreto; todo lo que el ser humano puede hacer, deshacer, crear, borrar, en fin, tiene un mundo de posibilidades para realizar durante su existencia, y debe hacer lo que él desee, sin que se sienta limitado por el mundo. Las ansias de disfrutar la vida, de hacer lo que más a uno le guste, esa sensación llena al ser humano y lo anima a seguir forjando su destino, por mano propia. El hacer lo que uno estime conveniente, y además disfrutarlo, se podría tildar como vocación, pues uno realiza una actividad que debe ir en pos del desarrollo humano (tanto personal como profesional) y que además pueda ser beneficio para las demás personas.
Un ejemplo de ello, se puede apreciar en lo que indica el texto Vocación en la vida, de Gabriel Castillo (2009), en el cual el hombre responde positivamente a su vocación, es decir, se hace responsable de su condición humana, se hace hombre, cuando avanza en su capacidad de amar, cuando aprender a apostar la vida por la de otros. La vocación ocurre sólo cuando la función, cargo u oficio en el cual el hombre se desempeña está traspasado, iluminado, por el intento de elevar los niveles de humanidad en su mundo, cuando el propósito de lo que hace guarda la intención de abrir el paso a la vida de otros hombres. La vocación es una misión que implica la intención de desarrollo humano.
Esta necesidad primaria de sentirnos acogidos está enraizada en nuestro origen: Venimos del encuentro amoroso de nuestros padres y estamos llamados a crear nuevas formas de encuentro. Tal llamada genera nuestra vocación básica como personas y nuestra misión en la vida. Cuando mis opciones fundamentales, mis hábitos y mis actos se orientan hacia el cumplimiento de esta misión y esta vocación, la marcha de mi existencia se realiza en el sentido adecuado, en la dirección justa. En la misma medida, tiene «sentido». Vemos una vez más que sentido equivale a orientación adecuada. (Alfonso López Quintás, 2003).
Mr. K

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